CRISTAL DE LA VERDAD
Atravesar las fronteras del miedo, para superar los viejos presagios, para salir ilesa de tanta batalla estéril en un laberinto repetido. Encontrar en el camino las nuevas caras de la amistad, hermandades antepasadas sin sus máscaras. Amores antaños que aun respiran, palpitan en oníricos encuentros con sus sonrisas eternas, lúcidos semblantes de ayer con ojos de claridad capaces de sanar las contusiones de la emoción domada por el ímpetu de lo que no se dice y se guarda hasta que se convierte en trago venenoso.
Vienen los blancos anuncios, amaneceres enternecidos entre huellas de pantano, donde yace enterrado el cristal de la verdad, reverdeciendo del fondo de la tierra, para derramar su fortaleza de siglos en las manos del destino, como el veredicto de una pregunta milenaria enredada en los párpados de quien no quería ver, más allá, más aquí, más ahora.
El vigor del presente absuelto, la transparencia del engaño descubierto, una paz insospechada inunda la noche turbia para convertirla en certeza, en la alborada de un camino iluminado, firme, inmutable.
Vienen los blancos anuncios, amaneceres enternecidos entre huellas de pantano, donde yace enterrado el cristal de la verdad, reverdeciendo del fondo de la tierra, para derramar su fortaleza de siglos en las manos del destino, como el veredicto de una pregunta milenaria enredada en los párpados de quien no quería ver, más allá, más aquí, más ahora.
El vigor del presente absuelto, la transparencia del engaño descubierto, una paz insospechada inunda la noche turbia para convertirla en certeza, en la alborada de un camino iluminado, firme, inmutable.
H.S.
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