¿Quién sabrá si esas almas desprendidas de mi vientre, de pájaros y flores, almas en pena que se llevan el agua de mi desierto, sabrán el camino de regreso? O por el contrario, perseguirán otras huellas, no mis pasos, no mis manos que las sostienen y las avientan a la noche, a la ternura ciega; no mi saliva deslizándose cuesta abajo, ardiendo por sus pieles inabarcables; no mis caricias mudas dando forma al oscuro presagio del deseo enredándose en su cabello, queriendo ser partícula de oxígeno que despierta del sueño para ser fuego. Ay de las almitas encontradas un día en los abismos del tiempo, un día que fue presente para siempre, porque es recuerdo imborrable, es magia, un secreto sutil que sólo reveló el viento. Me pregunto si a esas almas escurridizas, locas, insensatas, aún nos une el hilo invisible que tejimos en universos paralelos como la certeza de una casualidad premeditada, trazada en las líneas de la mano izquierda. ¿Quién sabrá, si volarán a posarse sobre la espalda de ot...