NUBES DE TORMENTA



Archivo personal H.S.
Te escabulles de mi almohada y no sé cómo desenredar el nudo, me dueles en el cuerpo con tus nubes de tormenta. Me petrifico en un tiempo oscuro e inerte, soy una roca pulverizada tratando de volver a su forma arcaica. El aire, el vacío, la soledad erosionan mi fortaleza de siglos. No serás la misma piedra, serás polvo en la nada, tierra en las manos de alguien que se ahoga en un grito de auxilio.

Vuelves a ser la niña abandonada a su suerte, exploradora del mundo y anhelas volver a Ella después de haberte encontrado en el laberinto de ti misma. Solo quieres entregarte a su abrazo universal y llorar sobre su hombro ríos y mares, escucharla latir desde el corazón de la montaña, sentir su caricia de fuego y dormir en su amor cósmico mientras te arrulla y danza con tigo una canción de cuna. Eres tan pequeña y vulnerable que solo deseas sentir en su protección la seguridad de que todo estará bien, que no hay peligro, que nada ni nadie puede dañarte. Te susurra al oído su silencio milenario y de a poco el llanto se va apagando en los latidos de la creación.

Y allí la encuentras, encogida, lejana, en un rinconcito de tu abismo imperturbable, la escurridiza sombra de la calma, la que intentas atrapar en medio de la tempestad del pensamiento. Las horas sobre la piel anuncian que se agota el fuego, la vida se desliza entre los dedos mientras nubes grises te impidan el paso. Estar entre sus brazos es deshojar las dudas, disipar la bruma del caos para encontrar una luz remota titilando en la confusión, entregarse al vértigo de lo desconocido, es abrazar la claridad.

H.S.





Comentarios

Entradas más populares de este blog

EL BESO QUE DANZA

EL GATO QUE ESTÁ TRISTE Y AZUL

POZO DE LOS SUEÑOS